Juan 6:66-68 “Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.
En este punto de la narrativa del Evangelio de Juan, Jesús tenía una multitud de personas que alegaban ser Sus discípulos. Se reunían con Él donde fuere posible para escuchar Su mensaje y Su doctrina, tan distintas de las que enseñaban los Escribas y Maestros de la Ley. Pero cuando el mensaje de Jesús confrontaba directamente el estado real del corazón de cada uno de ellos, su pecado y su maldad, muchos le dieron la espalda para no seguirle más. Aquí vemos cómo nuestro SEÑOR desafía a los doce, a sus más íntimos: “¿Ustedes también quieren dejarme? ¿Realmente creen en Mí y en lo que les he enseñado acerca de Dios o han vacilado en sus corazones?…”. Podemos imaginar que hubo alguna clase de silencio incómodo. Nadie dijo nada. Mientras Él pregunta estas cosas, veían partir a mucha gente que no quería seguir a Su líder y Maestro. Parecía que muchas de sus esperanzas mesiánicas se habían venido abajo. El apóstol Pedro rompe abruptamente ese silencio y se alza como portavoz de los demás: “SEÑOR, ¿A quién iremos? Si sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. De esta declaración podemos extraer algunas verdades cruciales.



