Si
un predicador se hace llamar “evangelista”, pero sus mensajes solo contiene
ideas humanistas, autoayuda, fortalecimiento del “campeón que hay en ti”,
prosperidad, estímulo de una “super-fe” ante la adversidad, etc.; por muy
sincero que sea esta persona, no es evangelista. Este no es un evangelio, sino
uno diferente. No que haya otro, sino que hay un solo evangelio, el de
Jesucristo; y claro, hay consecuencias para el que predica un evangelio sin
Cristo en él (Léase Gálatas 1:8-10).
Si
el mensaje del evangelio carece de la justicia, la santidad y la ira de Dios
por los pecadores, y de la gracia y amor del SEÑOR Jesucristo, incluyendo su
vida, muerte y resurrección; que en Su nombre hay perdón de pecados, un llamado
al arrepentimiento genuino y a la fe y a una vida nueva en el Espíritu y de
piedad; entonces no es evangelio.
