“Quiero
insistir aun más en esto. Uno de los peores hábitos en los que un predicador
puede caer es el de leer la Biblia simplemente con el fin de encontrar textos
para sermones. Eso es un verdadero peligro, por tanto debes reconocerlo,
combatirlo y resistirlo con todas tus fuerzas. No leas la Biblia para encontrar
textos para sermones; léela porque es el alimento que Dios ha provisto para tu
alma debido a que es la Palabra de Dios, porque es el medio por el que puedes
conocer a Dios. Léela porque es el pan de vida, el maná provisto para el
sustento y el bienestar de tu alma.
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jueves, 12 de junio de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
‘UN BUEN PRIMER SERMÓN’ | Enrique Oriolo
Debería
empezar con algún tipo de introducción sobre lo que quiero hablar, mas tengo la
prisa de la urgencia, porque no quisiera que mis pensamientos se disipen antes
de poder expresarlos.
Porque
entiendo que el pensar y expresar por medio de emociones fuertes añade un fuego
a las palabras, y tal condición es propicia para incendiar algún corazón tanto
para bien como para mal.
Quisiera
que despierte algún extremo en tu corazón, o que rechaces completamente lo que
expresaré, o que lo abraces con todas tus fuerzas. Sólo eso.
Si
quieres seguir leyendo solo toma esa determinación: o lo tomas en tu puño y lo
avientas lejos, o lo atesoras en tu corazón.
jueves, 11 de julio de 2013
HUYAN DE LOS FALSOS EVANGELISTAS
Si
un predicador se hace llamar “evangelista”, pero sus mensajes solo contiene
ideas humanistas, autoayuda, fortalecimiento del “campeón que hay en ti”,
prosperidad, estímulo de una “super-fe” ante la adversidad, etc.; por muy
sincero que sea esta persona, no es evangelista. Este no es un evangelio, sino
uno diferente. No que haya otro, sino que hay un solo evangelio, el de
Jesucristo; y claro, hay consecuencias para el que predica un evangelio sin
Cristo en él (Léase Gálatas 1:8-10).
Si
el mensaje del evangelio carece de la justicia, la santidad y la ira de Dios
por los pecadores, y de la gracia y amor del SEÑOR Jesucristo, incluyendo su
vida, muerte y resurrección; que en Su nombre hay perdón de pecados, un llamado
al arrepentimiento genuino y a la fe y a una vida nueva en el Espíritu y de
piedad; entonces no es evangelio.
domingo, 7 de julio de 2013
PREDICA SOLO LA TEOLOGÍA DE CRISTO
Santiago
3:1 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que
recibiremos mayor condenación”.
1
Timoteo 4:16 “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues
haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.
¡Qué
tristeza pesa en mi corazón por aquellos ministros que se dejan arrastrar a las
pasiones del humanismo, las riquezas mundanas y del misticismo no bíblico! ¡Qué
tristeza que algunos que parecieron fieles en el principio no hayan perseverado
en la doctrina de nuestro SEÑOR; y con ello arrastrar millones de almas muertas
que son seducidas por medio de palabras engañosas y lisonjeras y falsas
promesas felices que no provienen de la Biblia; solo para rellenar una y otra
vez en las concupiscencias de sus corazones! (Léase 2 Timoteo 4:3-4).
miércoles, 5 de diciembre de 2012
¿QUIÉN ES EL CENTRO DEL EVANGELIO?
Hoy en día, en estos tiempos muy claros de apostasía en la Iglesia,
estamos escuchando una gran oleada de “evangelios”: El de la prosperidad, el de
la salud, el del G12, el del humanismo y otros tantos más; todas estas
versiones adulteradas son muy diferentes al que se predicaba en el Cristianismo
Primitivo. O peor aún, la ausencia del mensaje del evangelio sustituido por los
créditos y logros ministeriales del “predicador” en turno. Como dice el apóstol
Pablo en la epístola a los Gálatas:
Gálatas 1:6-7 “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del
que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No
que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el
evangelio de Cristo”.
Por tal razón, nunca está demás rememorar nuestras bases y raíces en la
predicación del evangelio. Escribo esta humilde y sencilla nota, ya que también
es un recordatorio importante extraído de las Escrituras a la hora de predicar
el mensaje de las buenas nuevas.
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