miércoles, 15 de enero de 2014

LA PARÁBOLA DEL SAMARITANO: NO PASEMOS POR ALTO A NUESTROS HERMANOS

¿Recuerdan la parábola del buen samaritano? Está en Lucas 10:25-37. En resumen, un intérprete de la ley le preguntó a Jesús quién es mi prójimo, y Jesús pasó a relatar una parábola sobre un judío que descendió de Jerusalén a Jericó, quién fue asaltado y herido por unos ladrones. Tres personas lo vieron en su estado grave: El primero, un sacerdote, y el segundo, un levita, para evitar contaminarse optaron por ignorarle. Pero el tercero, un samaritano demostró piedad y amor por el herido. Finalmente Jesús afirma que el prójimo del que cayó en manos de ladrones fue aquel que hizo uso de misericordia. Ahora bien: Yo entiendo que aquí tiene un significado y una interpretación, sin embargo, cuando leí esta historia, no pude evitar ver otra aplicación de la verdad bíblica.

Por un lado tenemos a los levitas y sacerdotes, las personas más ortodoxas y más bíblicas en cuanto a conocimiento de la Ley. Digámoslo así, tenían su propia denominación, tenían la Ley, los profetas y los escritos. Por su linaje directo, se consideraban así mismos hijos de Abraham. Eran grandes eruditos y conocedores, instruidos. Sin embargo, aún con todo esto, no tenían amor. Por otro lado, he aquí un samaritano, considerado enemigo político y religioso por los judíos; de hecho, los judíos y los samaritanos llevaban siglos odiándose. Solo tenía la Ley, no era considerado hijo de Abraham porque sus ancestros se relacionaron con paganos y gentiles. Tenían otras creencias y otra exégesis bíblica, y sin embargo, Jesús lo usó en esta historia para afirmar que precisamente él fue quien hizo uso de misericordia.

Lo mismo pasa hoy en día: Hay quienes son muy conocedores de la Biblia de la primera página hasta la última; la aman intelectualmente pero no la viven espiritualmente en el poder de la gracia. Serán doctos, eruditos, conocedores, tendrán quizás sus denominaciones y sus reglas, pero si no tienen amor; nada son. Porque el que ama a su hermano, tiene a Dios porque Dios es amor. Y es un amor santo que no tolera el pecado. Pasan por alto a los demás porque no tienen el mismo conocimiento ni la misma perspectiva doctrinal que ellos. En cambio, hay otros, que tienen un mínimo conocimiento de la salvación y con fe sencilla en el evangelio de Cristo, pero dan mucho fruto de piedad; aquellos quienes Dios les dotó el hacer uso de misericordia para otros.

Mientras discutimos si uno es pentecostal, bautista, presbiteriano, calvinista o arminiano entonces éste lleva tal y tal doctrina y tal y tal práctica, ¿De verdad amamos a nuestros hermanos que no están de acuerdo con nosotros en los mismos puntos doctrinales no esenciales? Como dijo un amigo mío en uno de sus post ¿Tenemos paciencia para demostrarles en amor qué dice la Biblia respecto a ciertas doctrinas y prácticas dudosas? ¿O pasaremos por alto, como lo hicieron el sacerdote y el levita, a nuestros hermanos solo porque no comparten nuestro mismo credo? Creo que en esto debe meditarse.

Aclaro que no estoy peleado con el conocimiento, es muy, muy necesario tenerlo; pero no tiene sentido que un muerto de frutos acumule los tesoros de la sabiduría que hay en la Palabra. En aquel día, Jesús no dirá: “Apartaos de mí, ignorantes de mi doctrina porque no pertenecieron a tal denominación”; sino “Apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23). El verdadero cristiano no se distingue por tener celo y absorber conocimiento intelectual, sino que lo es cuando ese conocimiento bíblico es sembrado para hacerse fruto. En este caso: El amor santo y pleno de misericordia en Cristo.

¡Solo a Dios la Gloria!